COLABORATORIO / FINE ART

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publicado en boulesis.com el 17 de abril 2006

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La situación del arte contemporáneo ha llevado a una situación extraña: la experimentación y el juego que entraron en el terreno artístico de mano de la vanguardia han logrado que la técnica artística sea menos valorada en una obra de arte que otras variables como puedan ser la originalidad, la capacidad de provocación o de innovación. Y llegamos al caso extremo, que si no me equivoco no se da en ninguna otra actividad, en el que alguien puede ser un buen pintor sin saber pintar, es decir, sin dominar las técnicas conocidas en pintura que se pueden aprender en cualquier academia o escuela de bellas artes. Y digo que es un caso extremo porque no se permitiría, creo, en ningún otro dominio: ¿se puede imaginar, por ejemplo, a un zapatero que no sepa hacer zapatos o a un profesor que no sepa enseñar? Inmediatamente sería criticado tanto por sus colegas de profesión como por sus “clientes” (si es que cabe hablar en estos términos respecto a los profesores) y se le invitaría a dedicarse a otra cosa.

No ocurre así, sin embargo, en el terreno del arte. El que innova, el que hace algo por primera vez, aunque no sea un alarde técnico, se lleva el gato el agua, y recibe el aplauso de crítica y de especialistas (no voy a incluir al público por los recelos del gran público respecto al arte contemporáneo). Quizás porque la mirada artística enmarcada en los diferentes recursos técnicos esté ya demasiado desgastada, parece que hubiera llegado en arte el momento de la superación del arte mismo: el pintor no necesita saber pintar, ni tampoco el escultor tiene que aprender técnicas escultóricas. La intuición, la frescura y la fuerza del artista son valores en alza frente a las tradicionales técnicas que se han venido enseñando a lo largo de siglos. Que el artista no esté dispuesto a someterse a la técnica tampoco debería escandalizarnos: en cierto modo, la evolución artística ha consistido siempre en superar las reglas y normas técnicas del presente en que se vivía.

El problema, sin embargo, está en que la superación de la técnica que propone el arte contemporáneo consiste en su aniquilación misma, en la supresión de cualquier mandato técnico que limite o subyugue la libertad creadora. De ahí deriva, quizás, la extrañeza del espectador, de la persona que antes podía maravillar la habilidad técnica que incorporaba en cada cuadro su artista favorito. A todo este proceso ha contribuido, además, la aparición de nuevos materiales que cada artista aplica en su obra según su propio gusto, sin que exista consenso alguno sobre qué y cómo se deben utilizar todas estas nuevas posibilidades de expresión. La confusión parece servida, y el olvido de la técnica artística, en muchos casos, un hecho. Porque no podemos olvidar, por otro lado, a otros artistas que siguen manteniendo un alto nivel técnico en sus obras, y que están alejados de las vanguardias. La situación es compleja y no permite generalizar. En el fondo, la pregunta del millón sería la siguiente: ¿Va necesariamente unido al concepto de arte un conjunto de técnicas artísticas que se debe dominar para dedicarse a crear? Yo no lo tengo nada claro, a lo mejor podeis echarme una mano…

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Imagen: fuente: elconfidencial.com, un trabajo del artista italiano Maurizio Cattelan, denominado “Novecento”, cuelga del techo del Museo de Arte Contemporáneo como parte de la Bienal de Arte en Sidney (Australia) 2008.
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